domingo, 12 de mayo de 2013

Renovación Urbana del CAN: el gran reto de la Universidad Nacional


Liliana Castañeda Morales
Estudiante Maestría en Urbanismo- Universidad Nacional
Organización Colombiana de Estudiantes

Hoy 2 de mayo se llevó a cabo un debate organizado por la Universidad Nacional sobre la renovación urbana del Centro Administrativo Nacional, CAN. El espacio de discusión contó con la participación de Andrés Escobar, gerente de la Empresa Nacional de Renovación Urbana Virgilio Barco Vargas, Gerardo Ardila, Secretario de Planeación Distrital y profesor de la UN, Martha Triana, edil de la localidad de Teusaquillo, Rodrigo Cortés, Decano de la Facultad de Artes y Alonso Correa, representante docente. En la agenda oficial del evento no fue incluido un punto de expresión para el estamento estudiantil, que por fortuna supo interrumpir el orden del día y solicitar la palabra que le fue tácitamente negada en este debate. La intervención de Inti Mesías, representante de la sede Bogotá, y Cristian Hurtado, representante de pregrado ante el Consejo Académico, versó sobre dos puntos fundamentales para abordar la complejidad de la situación que ahora enfrenta la sede Bogotá, sin duda reflejo de la crisis de la educación pública colombiana, sobre los que es pertinente profundizar.

La interlocución de los gobiernos nacional y distrital con la UN en el marco del proyecto urbano más grande de la historia de Bogotá y seguramente del país tiene serios vicios de forma, pero también de fondo. De forma porque los debates y socializaciones sobre el contenido y opciones que tiene la Universidad, así como las negociaciones entre directivas y gobiernos distrital y nacional no se han dado de manera oportuna, pública ni de cara a la comunidad universitaria, a la ciudad o a la sociedad colombiana. A pesar de que ya han adelantado negociaciones con las autoridades competentes, el común denominador de los pronunciamientos de los dos últimos rectores es el pasmoso silencio guardado por la anterior administración y cuidadosamente sostenido por la actual al momento de pronunciarse sobre la amenaza directa a los predios del edificio Uriel Gutiérrez, la unidad Camilo Torres y el Hospital Santa Rosa, que hacen parte integral del campus de la sede Bogotá. Por otra parte, no ha habido mayor iniciativa de conectar este debate, que es del orden nacional, al grueso de la comunidad universitaria, que sigue informándose y participando del tema de manera paralela. Se hace evidente la monumental antidemocracia reinante en el centro de pensamiento más importante de Colombia. Es preocupante que el último pronunciamiento de las actuales rectoría y vicerrectoría de sede[1] descalifique a aquellos miembros de la comunidad universitaria que hemos hecho estudio y seguimiento juicioso del tema con el fin de emitir juicios informados. Son sus declaraciones y no las nuestras las que “desorientan y desinforman”.

Los problemas de fondo ofrecen un panorama más complejo. La renovación de este corredor de ubicación estratégica entre el aeropuerto internacional El Dorado y el centro histórico  de la ciudad tiene hasta ahora intención de privilegiar los intereses del mercado inmobiliario sobre la misma función social de las entidades afectadas, en un proyecto urbano al que se le garantizarían 900 mil metros cuadrados de superficie, para completar un millón 600 mil metros cuadrados de potencial urbanizable en una altura promedio de 13 pisos, según palabras del mismo Andrés Escobar. El área del proyecto concentra equipamientos del orden nacional y distrital que incluyen la Escuela Superior de Administración Púbica, ESAP, y la Universidad Nacional.

Lo realmente problemático del asunto es que de ese potencial, la Universidad aportaría el 15% de los predios bajo la figura de participación en un fideicomiso, en el mejor de los casos, o de la expropiación vía judicial o administrativa, si llega a ser necesario.[2] Escobar nos pone en la penosa situación de escoger entre “hacer la vaca”, como él mismo lo expresa, y empezar a saldar la crisis financiera de la Universidad con partes del campus, asumiendo la labor de saneamiento que corresponde única y exclusivamente al Estado; o ser expropiados recibiendo indemnizaciones pírricas por el despojo de los predios con mayor potencial de valorización y de extracción de plusvalías de la ciudad entera.



Edificabilidad permitida propuesta por Modificación POT. Fuente: SDP 2013.

La única talanquera normativa que encuentra este lesivo proyecto de Asociación Público-Privada es la normatividad vigente del POT, que limita el uso del suelo y la edificabilidad permitida en toda el área el proyecto. En ese sentido el gobierno de Gustavo Petro se encuentra completamente alineado con las directrices de Juan Manuel Santos, y como producto de esa negociación de tipo político se incluye  en la Modificación Excepcional del Plan de Ordenamiento Territorial la transformación del uso del suelo de dotacional a área económica intensiva, liberando a su vez la normativa de edificabilidad de los actuales 10 pisos a 21 pisos para oficinas o 27 para vivienda. La flexibilización de las normas de usos y edificabilidad[3] del suelo en esta zona de gran peso histórico, simbólico e institucional de la ciudad pone en peligro la elemental idea de que los terrenos de las instituciones educativas son para desarrollo de sus fines misionales y no para construir hoteles entre las facultades, como citó muy animadamente el señor Secretario de Planeación Distrital. A él  habría que preguntarle por qué el gobierno distrital insiste en no expedir desarrollos normativos que hagan justicia a la particularidad y la envergadura del proyecto, dejando el área a merced de los apetitos de la especulación inmobiliaria. El área del proyecto tiene un potencial económico incomparable con el del resto de la ciudad, y dado que es una oportunidad de desarrollo urbano única, a esta administración corresponde asegurarse de que la ciudad obtenga plusvalías proporcionales.



Usos del suelo propuestos por Modificación POT. Fuente: SDP 2013.

La Universidad Nacional de Colombia atraviesa la crisis más profunda de toda su historia por cuenta  de las políticas de progresivo ahogo financiero implementadas con la Ley 30 de 1992, siempre acompañadas del desdén de los gobiernos de antes y de ahora por el futuro del sector educativo, motor fundamental del desarrollo nacional. Es el mismo contexto de crisis que explica los graves problemas de infraestructura que sufre con mayor intensidad la sede Bogotá, y a los que los gobiernos distrital y nacional responden con “vacas” y “hoteles” en lugar de ofrecer soluciones financieras sostenibles, que permitan asegurar una educación nacional, científica y democrática para las y los colombianos. Hoy fue radicado el borrador de modificación al POT en el Concejo de Bogotá, y a partir de ahora el cabildo tiene 90 días para discutirlo y votarlo. Nuestra lucha en defensa de la educación pública ha de intensificarse aun más en estos 90 días para hacer valer con la fuerza de los argumentos y la movilización esa consigna que circula por todos los salones y corredor del campus de la Universidad.: ¡Ni se toca ni se vende. La UN se defiende!


[1] Comunicado del rector de la Universidad Nacional de Colombia y el vicerrector de la sede Bogotá. Abril 29 de 2013.
[2] El artículo 61 de la Ley 1537 de 2012 da facultades a la Empresa Nacional de Renovación Urbana Virgilio Barco Vargas para enajenar o expropiar predios involucrados en procesos de renovación urbana constituidos como “obras motivo de utilidad pública”
[3] La edificabilidad es resultante cuando es producto de la correcta aplicación de los índices de ocupación y de construcción; lo que significa que se liberan las alturas permitidas al proyecto, sin tener en cuenta los impactos al paisaje o la estructura ecológica principal de la ciudad.
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