Intervención de Wilson Sanmartín Mendoza en la Marcha del
1ero de Mayo de 2013 / Barranquilla. Representante Estudiantil ante el
Consejo Académico de la Universidad del Atlántico y miembro de la MANE.
Hoy,
un primero de mayo más, algunos o muchos podrán manifestar esto; sin embargo ¡cuántos
primeros de mayo recorridos!, ¡cuántas luchas incansables libradas!, podría
afirmar que muchas, aunque no las suficientes para la consecución de nuestros
fines. Aún así, no podemos referirnos a él como un día más, este primero de
mayo debe ser propicio para ratificar claramente nuestra estrategia y táctica,
debemos definir nuestros propósitos y la forma de alcanzarlos, estamos llamados
a determinar el quehacer político y nuestro compromiso con el mismo; y ello lo
debemos realizar a partir del análisis de las circunstancias concretas en las
que se desenvuelve el país que nos tocó en suerte, las cuales, a pesar de
mostrarse de manera virulenta, son realmente tozudas y cada día más golpean a la
clase obrera; en ese análisis no tenemos derecho a errar, no nos podemos llamar
a engaños y vacilaciones. No podemos seguirle el juego al gobierno nacional,
que haciendo gala del sistema que profesa, procediendo a través de cruentas
falacias ha querido arrastrarnos a las entrañas del mismo.
La
conmemoración de este primero de mayo se da en el marco de una profunda crisis
que rodea a cada uno de los sectores sociales del país, como consecuencia de la
imposición permanente de las políticas del “fin
de la historia” por más de 20 años, que han degenerado en el
desbarrancadero que nos encontramos: el agro en ruinas, la producción
industrial en ruinas, la salud en ruinas, la educación igual, los derechos
laborales sometidos a un claro desconocimiento y todo lo anterior en medio de
reformas manifiestamente perniciosas, a saber, la reforma al sistema de salud,
la pensional y la tributaria -de la cual ya estamos sufriendo sus embates-, que
a lo único que contribuyen es a la agudización de la crisis; ello, para no
referirnos a la crasa polarización política que envuelve el contexto nacional.
¿Cómo
es posible que en un estado que se haga llamar democrático, la mayor carga
tributaria se encuentre radicada en cabeza de las clases medias y bajas,
mientras que, quienes desangran los recursos de país pueden abiertamente darse
el lujo de comprar yates y comer langostas sin pagar un solo peso como concepto
de impuesto por ello[1]?, ¿Cómo
es posible que el 68% de los trabajadores colombianos laboren en condiciones de
informalidad, a la par que se reemplaza la mano de obra nacional por la
extranjera?, cómo es posible que hoy, ad portas de cumplirse dos años desde el
momento en que derrotamos la nefasta reforma al sistema de educación superior
que quería imponer el gobierno nacional y nos encontramos en proceso de
construcción programática de la nueva ley, se nos diga con desfachatez que la
educación debe responder a los postulados de los tratados de libre comercio.
Todo
esto desnuda la verdadera naturaleza del gobierno nacional, ese por el que
algunos abogan para que permanezca 2, 4, 6 o no se cuántos años más; este es su
real semblante y no nos debe temblar la voz para señalarlo con toda vehemencia,
estamos llamados a develar esta situación, en términos de McLaren Peter y Scatamburlo-D'Annibale
Valerie, debemos “iluminar las pequeñas tiendas del horror que se esconden
detrás de la fachada lustrosa de la ´globalización’, debemos desafiar la
verdadera ´maldad´ presente en los tentáculos del capitalismo global”
–representado en este gobierno-. Y además de todo lo anterior, debemos “buscar
las fisuras en el edifico del capitalismo globalizado e iluminar aquellas
fisuras que pueden parir nuevas alternativas."
Ese
es el papel que debemos desempeñar en estos momentos como estudiantes,
profesores, miembros de partidos políticos representativos de los intereses de
la nación, con la infaltable compañía de la clase obrera, por ser esta quien
ostenta la fuerzas de producción y sostiene con ello el mundo en que vivimos.
Ésta es nuestra responsabilidad, no podemos desfallecer mientras el país se
incendia. Hoy, 127 años después de ese fatídico día, creería que no hay mejor
forma de conmemoración para quienes dieron su vida, que la ratificación de cada
uno de estos propósitos, que ya se reflejaban en el sentir de aquellos héroes.
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