Con más de 5.600 protestas en lo corrido de este año, el movimiento estudiantil chileno, que tiene contra las cuerdas al presidente Sebastián Piñera, ha inspirado a sus pares colombianos tanto en las exigencias (gratuidad de la educación superior), como en las técnicas, pues a las arengas, las marchas y la pelea contra escuadrones antidisturbios, les han adicionado el ‘modelo chileno’ de pupitrazos y besatones.
Sin embargo, los estudiantes colombianos están en paro porque no quieren repetir la experiencia chilena, donde también está prohibido el ánimo de lucro en la educación, pero en la práctica es un servicio privatizado. Allá el aporte del Estado es inferior (en Colombia el 55% de los universitarios estudia en una institución pública y en Chile es el 20%) y, por ende, cuesta lo mismo estudiar en una universidad pública que en una privada.
Además, Chile recibe cada vez más capitales extranjeros que invierten en educación y que hacen sus ganancias con plataformas virtuales. “Si bien el Gobierno retiró su propuesta de permitir el ánimo de lucro, en la reforma hay otros artículos que establecen que el régimen de insolvencia de las universidades ya no sería el de los entes estatales, sino el de las empresas privadas y se abren las puertas a las universidades mixtas (público-privadas), lo que daría paso a más instituciones de garaje”, dice Sergio Fernández, vocero de la Organización Colombiana de Estudiantes.
La ministra de Educación, María Fernanda Campo, responde que el ánimo de lucro se eliminó de la reforma y que las universidades mixtas, al igual que las privadas, no pueden buscar ganancias. Otra cosa piensan expertos como el rector del Icesi, Francisco Piedrahita, quien en su batalla contra la iniciativa de legalizar el ánimo de lucro, –pues argumenta que sacrifica la calidad y la investigación–, publicó un estudio sobre las multinacionales que compran universidades como Whitney University, que invierte para obtener utilidades.
Es más, Piedrahita señala como preocupante la compra del Politécnico Grancolombiano por parte de Whitney, cosa que niega rotundamente el rector de dicha universidad, Pablo Michelsen, pues dice que no los pueden comprar porque son una fundación sin ánimo de lucro y que la relación con Whitney es la de un proveedor, que les brinda un know how por el que pagan. La ministra Campo dice que en su cartera no tienen registro de ninguna compra, pero la adquisición del Politécnico por parte de Whitney es un secreto a voces en el sector.
Es más, se dice que también compró la Fundación Universitaria Los Libertadores y el Inpahu, pero su fundador, Luis Hernán Linares, lo niega y dice que su alizanza es distinta a la del Politécnico, pues solo es para que estudiantes y profesores hagan intercambio en las universidades de la red Whitney. “No se hizo ningún acuerdo económico porque la Ley no lo permite, pero si en la reforma se incluye, entonces lo podríamos discutir”, señala.
Tomado de Dinero: Edición Impresa

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